ASOCIACIÓN BETANIA

“Lo/la dejaré cuando quiera…”

Pablo Ventura Peris (Psicólogo de Comunidad Terapéutica)

Artículo publicado en:logo-letras-noroeste

Generalmente todos cuando iniciamos una relación es con la intención y la ilusión de compartir un feliz proyecto común, y no con el propósito premeditado de sufrir y malvivir. ¿Quién comienza a salir con alguien con el objetivo de amargarse la vida? ¿Quién va el primer día de trabajo con el objetivo de hundir la empresa o hacerlo lo peor posible?. Probablemente nadie, por supuesto. Pero los entresijos de la vida, y en ello las relaciones se incluyen, no siempre toman el mejor de los caminos.

Tanto si hemos protagonizado una historia sentimental o laboral con esos elementos como si no la hemos vivido, pero alguien cercano a nosotros sí, podemos entender que una persona en la tesitura de estar unido a alguien o a algo, al que no quiere, o que no le trata como merece (no le quiere), sufre y padece mucho. Y es que no estamos hechos para vivir en la infelicidad y con pocas satisfacciones, es triste y doloroso. Además, y por rizar el rizo, si vives como necesaria e imprescindible esa relación problemática, por encima de todas o casi todas las otras cosas importantes de la vida, ya hablamos de un problema mucho mayor…, de un gran problema, que requiere de ayuda profesional y de tu entorno cercano.
Todo tiene un principio, y la relación con las drogas, también. Lo habitual es que este principio de relación entre persona y droga, sea como el de cualquier relación, ilusionante, angustioso, obsesivo, excitante, temeroso y temerario, y que durante un tiempo indefinido pero finito, se caracterice por ser como una luna de miel: dulce y sin problemas relevantes. Tal vez una resaca fuera de lo normal, un arrepentirse de una noche mala, etc. Pero nada lo suficientemente grave como para asustarnos.
Pero todos crecemos y los amores se calman. No son exactamente iguales las primerizas pasiones de los 16 años, que las del experimentado, en los ensoñadores y traicioneros vapores del amor. Y eso no quiere decir que un amor con tintes adolecentes a los 56 no pueda ser maravillosamente pasional, pero un enamoradizo/a patológico/a, que antepone buenos trabajos, se aleja de sus hermanos, padres y amigos, invierte todo su dinero y patrimonio (y el que no es suyo) en procurarse amores insensatos no correspondidos y absolutamente descompensados, ha perdido totalmente el norte, y esto, con las drogas, esta condenado a que suceda, sí o sí.
Naturalmente no buscamos a posta el desastre y uno nunca prevé que le toque a él. Siempre predomina la majadera e insensata idea de que a mí no me enganchará, por que soy especial y estoy muy cuerdo. Aunque, todos sabemos que, como producto, la droga (incluyendo el alcohol) es perfecta, y tiene todos los elementos para enganchar: cercano, barato, con capacidad para anestesiarte de los quebraderos de cabeza de la vida, y que te dota de “poderes” para hacerte creer que tus complejos desaparecen repentinamente. Todo esto sin hablar de lo fundamental, su influencia en el órgano más importante que tenemos, nuestro cerebro, sobre el cual la droga (todas, sin distinción) actúa haciéndose imprescindible, se quiera o no.
En esta línea expositiva, todos los enamoradizos no tenemos el problema de estar enganchados a una pareja que nos pone los cuernos reiteradamente y que se aprovecha de nosotros por unas migajas de amor o sexo, ya que, en general, solemos decir que si nos sucediera a nosotros pondríamos punto y final a esa relación de forma radical, ni todos/as los que en algún momento han consumido alguna droga tienen un problema de adicción ya que por suerte, la vida satisfactoria es incompatible con su consumo y uno suele dejarlas a tiempo. Somos muchos los que a lo largo de la vida tenemos varias relaciones sentimentales o laborales, no todo acaba como desearíamos ni todo lo que inicialmente prometía como la mejor relación posible acaba siéndolo. Pero acaban, y eso es muy importante. “lo dejaré cuando quiera…” es una de las frases más repetidas por un consumidor de drogas que ha perdido el control sobre su consumo o sobre las consecuencias negativas que tiene en su vida directamente asociadas a su consumo.
Por ello, si tú vida va mal en algún aspecto (económicamente, afectivamente, laboralmente, judicialmente, socialmente, etc.) no dudes que si estás consumiendo alguna droga ésta no te está ayudando realmente en nada, si no que tapa o cubre tu malestar sin propiciar una mejora consolidada del problema, y que cuando menos te lo esperes se habrá apoderado de ti, traicionándote y generándote la ruina personal por unas migajas de evasión.
Obviamente, desde la Asociación Betania, sabemos que las drogas destructivas han estado, están y, desgraciadamente, estarán presentes en la vida de las personas, pero si eres de los que te encuentras en la luna de miel, no lo dudes, es falso que te quieran y te respeten, acabarán siendo un problema para ti y cómo dejar de tomar coca, plata, speed, canutos, etc. Estás a tiempo, no tiene por qué ser algo tremendamente complicado, déjalo y punto.
Por el contrario, si has llegado al punto de estar rumiando interiormente algo como, “qué voy a encontrar mejor si lo/la dejo…”, “no siempre fue un problema a pesar de los complicaciones que ahora me genera, seguro que volverá a ser bueno o maravilloso”, “Total, qué mal me hago si mi vida es una m…” o cualquier otro pensamiento en el que se ponga en duda el que tu vida será mejor sin ellas (o al menos dejar de estar dirigida hacia el desastre total). No dudes en solicitar el consejo y el apoyo que te ayude a no empeorar tu vida. Juntos evitaremos que seas un “cornudo/a”.

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